domingo, 27 de junio de 2010

el infierno infinito del error

caminaba tranquila, disfrutando serenamente de un cigarrillo, con destino a la parada del micro. esperaba el micro, en paz, sin grandes ideas ni grandes nostalgias. (raro para un domingo nublado por la tarde). dormí profundamente lo que duró el viaje y fue cuando la ví que todo pareció llenarse de un denso humor negro, que se sentía como asfixiante, como pesado y engorroso. como ese error imperdonable que cometí y que prometió pasarme factura el resto de mi vida. como si esa persona que pagó con su ser mis miedos, mis irresponsabilidades, y mis egoismos se hubiera hecho presente ahi para empujarme hacia el infierno de la culpa y la desolación, las preguntas sin respuestas y la nostalgia de haber perdido a quien podría haberme regalado una vida de felicidad plena y sincera.

viernes, 25 de junio de 2010

dejame.

la irracionalidad me trajo irrefutablemente hasta acá. no me sigas pidiendo que deje otra vez las cosas libradas a gusto y piacere del destino, porque no, porque ya lo hice, y mirá a mi alrededor.
no tengo nada para objetar. siempre fuiste un gentleman. me bancaste con lágrimas pesadas llenas de culpas y temores y me bancaste con risas atestadas de malta y de alcohol...
pero no pongas un peso a favor de mis promesas porque el que avisa no traiciona, confíá en mi insensatez, que eso si es real como aquel beso en medio de la plaza de la catedral.
dejame con mi desconsuelo, pletórico de culpas ilusiorias y algunas que no tanto. dejame caminando por la rambla descuidada cualquier día por la madrugada. dejame que crea que puedo acertar esta vez en mi modo de ver las cosas. y que puedo volver a encontrarte, cada noche que te extraño, en aquel lindo restaurante con un té de sueños rojos.

martes, 22 de junio de 2010

tiempos imperfectos.

una semana comprometida con algo.
poco más de una semana, del café en el progreso.
dos días pasaron de que lo maté.
tres años de distancia con aquel junio tan primaveral.
algo más de dos meses que abandoné los libros y facultades.
tan sólo horas pasaron... de las últimas lágrimas.